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lunes, 12 de marzo de 2012

Cisne negro.

“Estoy sola en el hotel, estoy viendo amanecer…
Santiago de Chile se despierta entre montañas.
Aquí retoca la guitarra en la 304, un gato rebelde que anda medio enamorado…
De la señorita Rock&Roll, aunque no lo ha confesado eso lo sé yo… wohhh…”

Apaga la radio. No tiene ganas de escuchar el estribillo de la canción. Se lo sabe perfectamente, durante mucho tiempo este tema de Amaral ha sido su canción favorita. Cuántas tardes se las ha pasado cantando y moviendo el pelo efusivamente mientras levantaba a su gato Roonie. Demasiadas. Hace mucho que no canta esta canción, hace mucho que no hace caso a su gato, hace mucho que no baila. Hace mucho que ha dejado de ser ella.
Se tira en la cama, tiene una resaca enorme. Últimamente su vida gira entorno a la noche, el descontrol, el derroche y el alcohol. La verdad es que esa es la vida que lleva, y le gusta. No tiene responsabilidades ni gente de la que preocuparse. Hace bastante que ha mandado a la mierda a aquellas personas que sobraban en su vida, y las pocas que le quedaban, se han ido distanciando… La última su ex –mejor amiga, Luci. Pobre, pobre, Luci… ¡tan tonta! No sabe lo que se pierde. Antes eran dos gotas de agua. Dos niñas buenas, dos estudiantes magníficas, dos cerebritos, dos chicas tímidas… MENTIRA. Sólo eran dos empollonas, dos tontas, dos estúpidas a las que tomaban el pelo día y noche.

Se levanta y va al baño. Abre el grifo de la bañera, al máximo. Se mira en el espejo y sonríe. Qué va, no tiene de qué preocuparse… Ella ya no es como era antes. Ha cambiado. Lo sabe. Todo el mundo lo sabe. El cisne blanco ahora es un precioso cisne negro. Mirada desafiante y tono desaliñado. Quién la vio, quién la ve y quién la viera. Está orgullosa de sí misma, ha dado un gran paso en su vida. Ha pasado de ser la hija perfecta y de no tener problemas con nadie, a que los problemas giren en torno a ella. Polos opuestos de una misma persona.

“Son mis amigos, en la calle pasábamos las horas…
Son mis amigos, por encima de todas las cosas… wohh…
Son mis amigos.”

Tararea el estribillo casi sin darse cuenta. Se estremece al mismo tiempo que sus manos rozan sus huesudos hombros mientras se desabrocha el sujetador. Se termina de desnudar y comprueba que tiene la piel de gallina. Se ríe sin motivos. Levanta los brazos y se suelta el moño en el que llevaba recogida su melena, que cae sobre su espalda haciéndole cosquillas. Vuelve a reír. Mete un pie en el agua de la bañera. A continuación mete el otro y se sumerge en la poca agua que le queda. Le gusta esa sensación gélida al rozar su cuerpo contra la bañera. Es más, le encanta. Porque así es ella, tan fría como el hielo.

María Rey.

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